Cuando consiguen un ascenso laboral a un puesto directivo, yo diría que todas las mujeres tienen la misma impresión: «pero cuántas corbatas, ¿no?». 

Llama la atención, aunque no es una sorpresa porque ya lo vas viendo de lejos a medida que asciendes. 

Si es tu caso, que sepas que esa impresión de aislamiento, de ser la diferente, es una sensación muy común. En España todavía hay comparativamente pocas mujeres en puestos de responsabilidad.

¿Los motivos? Por un lado, están las barreras que todas conocemos bien. Por otro, hay barreras que quizá no te esperes. Y las tienes más cerca de lo que piensas.

Hablemos un poco de cómo está el panorama el ascenso de las mujeres profesionales.

Tabla de contenidos

 

¿Dónde están las líderes, directivas y ejecutivas?

 

Cuando en el 2011 el Banco Central Europeo se miró a sí mismo y descubrió qué estaba pasando con su personal, se le vieron las vergüenzas.

Auditaron su propio organigrama, al personal y su trayectoria y, entre otras cosas, resultó que mientras los hombres tardaban una media de 6 años en conseguir un ascenso, las mujeres tenían que esperar 9 años. Aquellas que eran madres lo tenían aún más difícil.

El caso del BCE es casi el estándar en organizaciones y empresas. 

Hay que decir que las cosas han mejorado bastante en los últimos años en España: en el salón de los «C-Suites» había un 2 % de mujeres en el 2002 y hoy un 25-30 %

¿Mejor que hace veinte años? Sin duda. Pero insuficiente a estas alturas. Solo el 5 % de las compañías tiene como CEO a una mujer, por ejemplo.

Es decir, estamos en el siglo XXI. Lo de los coches voladores y las vacaciones en Marte no ha podido ser de momento, pero una paridad real y efectiva no parece mucho pedir.

¿Qué te impide ascender?

que te impide ascender

 

Un entorno complicado para el desarrollo personal (y el ascenso laboral)

 

El BCE estudió su caso y no encontró nada muy distinto de lo acostumbrado. 

Las estructuras en el mundo corporativo y en las instituciones heredan modelos de antaño. Y como dijo Christine Lagarde (presidenta del BCE desde el 2019), «deberíamos reflejar la sociedad en la que servimos». 

Pero parece que está costando.

Si como profesional, empresaria, directiva o ejecutiva te da la impresión de que tu trabajo siempre está bajo observación, no son imaginaciones tuyas. Los modelos anticuados hacen que se valore más y mejor el desempeño masculino que el femenino.

Hay una serie de situaciones que no tienen por qué aparecer de manera expresa, pero sí que están «en el ambiente». A ver si te suenan:

  • Que tengas que demostrar constantemente que eres buena profesional. Te da la sensación de que subestima tu rendimiento y tu formación.
  • Que tus logros pasan más desapercibidos. Consigues resultados pero parece que «nadie se entera». Es más difícil que te los reconozcan. 
  • Que tus errores llaman mucho más la atención y se entera hasta el bedel del otro edificio.
  • Que para ser contratada o para ascender, se te valora por lo que has conseguido en el pasado, mientras parece que a ellos se les valora por su potencial futuro. 

Es decir: tienes que demostrar más y tener más experiencias acumuladas.

  • Que percibas condescendencia o se dude de tu autoridad. Tu palabra necesita ser secundada por un compañero, jefe o incluso subordinado para tener más valor. Se te interrumpe en las reuniones más que a los demás.
  • Que, cómo directiva, si eres asertiva y segura de ti misma, se te ve como una marimandona. No gustas tanto y eso tiene consecuencias: menos ascensos y minusvaloración de resultados y logros. 

Si esa misma actitud la tiene un compañero tuyo, parece un líder nato.

Si eres menos asertiva se te ve como poco competente, blanda y poco profesional. 

Etcétera. 

Al final es común que cuando una mujer desea ascender sienta que se tiene que esforzar muchísimo más y estar siempre justificando su valía. 

Eso tiene consecuencias en nuestro desarrollo personal y profesional. 

como romper el techo de cristal

 

¿Y cómo romper el techo de cristal y las barreras sociales?  

 

El BCE tomó medidas para conseguir la paridad y lo hizo con tres grandes estrategias (formadas por muchas tácticas y herramientas, claro) que han demostrado su eficacia en muchas ocasiones y contextos:

  • Apoyo público a la igualdad de género

Más allá de una declaración de intenciones, se pusieron a trabajar para convertirlo en una apuesta pública y conocida en la que debía participar toda la institución. 

  • Aumento consciente y deseado del número de mujeres en los comités de dirección

Se revisaron las políticas internas sobre ascenso, reclutamiento y méritos para localizar los puntos de fricción.

  • Mentoría profesional

Las mujeres del BCE pudieron recibir, si lo deseaban, apoyo específico para mejorar sus aptitudes y mentalidad como profesionales.

Quizá te preguntes, ¿qué tenía que ver la mentalidad de ellas con todo esto?

Aquí me quiero detener. 

Desigualdad salarial, techo de cristal, doble jornada, discriminación… Es un hecho que existen barreras en el entorno laboral y en la sociedad. 

Pero existe otro tipo de obstáculos que impiden a muchas de estas profesionales conseguir sus metas.

El techo de cemento que te impide progresar 

Se llama «techo de cemento» a las barreras que nos imponemos a nosotras mismas. 

Son las autolimitaciones a nuestro propio progreso. Las directivas, ejecutivas, empresarias y altas profesionales ocupan puestos de gran responsabilidad, pero no por eso son «aguerridas», «tiburones implacables». El profesional directivo tiene dificultades personales como cualquier otra persona. 

Fíjate si es algo común, que el estudio «Mujeres InSync» del 2016 descubrió lo siguiente:

  • El 80 % de las mujeres siente que no se reconoce su talento
  • El 70 % dijo que una de las barreras para su desarrollo era no sentirse en sintonía consigo misma
  • El 42 % pensaba que el miedo al fracaso y la falta de autoconfianza era lo que frenaba el potencial de su talento
  • Y casi el 100 % considera que el bienestar interior es imprescindible para poder desarrollar su talento. 

Porque cuando no estamos a gusto con nosotras mismas, es decir, alineadas y en sintonía con lo que somos y tenemos, no podemos alcanzar nuestro máximo potencial. 

¿Cómo vamos a ascender con ese malestar en la mochila? ¿Cómo acceder a mayores puestos con seguridad y determinación si nos castigamos a nosotras mismas?

El BCE sabía que así no es posible conseguirlo y, por eso, junto a otras políticas mantiene un programa de mentoría que ayuda a su personal femenino a sacar todo su potencial. Se trata de aportar las herramientas con las que picar el techo de cemento. Que entre la luz. 

Porque para ascender a la cumbre es mejor llevar la mochila ligera.

¿Cómo romper el techo de cemento?

En la mayor parte de las ocasiones no somos conscientes de verdad de nuestro techo de cemento. Sabemos que algo no va bien, que no funciona, pero no lo tenemos bien acotado.

De hecho, suele ocurrir que pensemos que «somos así». Inseguras, autocríticas, puntillosas, poco asertivas o mandonas… En realidad, esas son las consecuencias, no al revés. 

El primer reto para romper el techo de cemento es saber reconocer que existe, que está ahí con sus limitantes facetas:

  • El altísimo nivel de autoexigencia que nos imponemos para estar a la altura de la presión externa en las empresas. 

Ese perfeccionismo que nos obliga a tener que demostrar el doble para conseguir la mitad.

  • El síndrome de la impostora, que nos pone ante un espejo empañado y curvo que nos devuelve una imagen irreal de nosotras mismas. 

Esa imagen que dice que no somos lo suficientemente buenas y que, encima, lo que tenemos está hueco, es falso, humo. Que somos impostoras y no merecemos lo que conseguimos

  • La baja autoestima y las dudas sobre nuestra autoridad, que impiden ejercer una asertividad sana.

Eso que nos hace titubear al decidir, dirigir y liderar. Lo que nos hace ser excesivamente autocríticas y poco generosas con nosotras mismas. 

Una vez reconocidas, toca agarrar el martillo hidráulico y picar cemento:

 

  • Trabajar en la autoestima, la autofortaleza y el autorespeto. Date un respiro. Y, después, otro. No vas mal. 
  • Mejorar las competencias de liderazgo y negociación en lo que respeta a la mentalidad adecuada. Que no te coman ni lo contrario. Una líder competente y sin miedo de serlo.
  • Saber contextualizar el esfuerzo, los méritos y las exigencias profesionales. Menos perfeccionismo y más flexibilidad. 
  • Autoafirmación y aceptación. No eres una impostora, todo lo que tienes te lo has ganado. Nada te impide ir a más. 

¿Imaginas el cambio?

Reforzar la valía interna de su personal femenino ha permitido al BCE progresar un 80 % desde el 2011. El camino sigue abierto para llegar a la paridad real en los próximos años. El ascenso laboral de las mujeres en estos despachos ya es una realidad. 

Como el BCE, otras instituciones y empresas están siendo proactivas en la búsqueda de la igualdad entre su personal. Es fundamental eliminar las barreras externas, pero también derribar los obstáculos internos que nos imponemos sin darnos cuenta. 

¿Sabes cuáles son los tuyos? ¿Qué barreras te impiden progresar, ascender, explotar todo tu potencial? ¿Y sabes cómo eliminarlas?

Te echo un cable si quieres, para subir a la cumbre viene bien un sherpa.