De «me encanta» a «¿pero qué estoy haciendo?»

Cuando menos te lo esperas, te encuentras con el «no sé qué hacer con mi vida» y descubres que, en vez de salir de la cama de un salto, lo haces dejándote caer. 

Hace no mucho sí saltabas. Estabas en ascenso, dando grandes pasos en tu carrera y responsabilizándote de tareas importantes.

¿Cómo puede ser que ese puesto que tanto deseabas ahora te esté dejando chof?

¿Acaso no tenía todo lo que deseabas? Estatus, buena remuneración, reconocimiento profesional y estímulo diario. 

Cuando ocurre esto, estamos pasando una crisis de desmotivación profesional. Algo que debes tomarte en serio porque afecta a tu desarrollo personal y a tu felicidad.

Tabla de contenidos

Cuando nos cansamos del trabajo sin saber por qué

 

No nos engañemos. El trabajo dignifica pero existen muchísimos que lo tienen todo para acabar desmotivadas. Puede ser por sus tareas, por su escaso interés intelectual, por la rutina o porque sean incluso desagradables.

A saber.

Los has evitado durante toda tu carrera y, de hecho, buscas y consigues puestos que, desde afuera, son envidiados. Así transcurre tu trayecto, alcanzando cotas cada vez más altas. Ocupando espacios donde pareces encajar, donde estás en tu salsa. 

Así lo habías planeado o casi. 

Y ese es el problema, porque una cosa es no encajar en trabajos o puestos poco deseados y otra muy distinta sentirse un bicho raro porque te descubres fuera de sitio en el trabajo que deseabas. 

No ocurre de pronto y porrazo en realidad. Es un malestar que va creciendo poco a poco. Un tedio, un desinterés y un agobio que pueden hacer daño

Además, es una sensación a la que puede sumarse la culpa por sentir rechazo por un puesto bueno. 

Por si fuera poco, también puede haber carga emocional por arrepentimiento o por decepcionar a la familia y poner en riesgo la estabilidad del hogar. 

Consecuencias del «qué hago con mi vida»

A ver si adivino: «tengo 40 años y no sé qué quiero para mi vida».

Da igual con qué edad te digas eso, la sensación es la misma. Es esa presión por estar desubicada, fuera de sitio. Sin vocación y sin saber buscar alternativas.

Cuando no estás contenta en el trabajo y la situación se alarga, al final se nota:

    • En tu rendimiento

Puede bajar la productividad, la atención al detalle y la capacidad de gestión. Si algo deja de interesarte, ya no pones tanto empeño. Tienes la cabeza en otro sitio. 

    • En tu ánimo

Una cosa es un aburrimiento puntual. Otra, enredarte en una dinámica de desinterés, tedio y agobio que hagan que te comas la cabeza. Un día y otro y otro. Así meses. 

Es un malestar auténtico que apila una capa tras otra de emociones encontradas y pensamientos negativos. Todo suma.

Eso lleva a una importante bajada de ánimo. Estrés, irritabilidad, perplejidad («no me reconozco»), tristeza…

    • En tu salud física

Aplatanarse en el sofá, no tener ganas de nada y calmar la ansiedad con doble de brownies, aperitivos a mansalva y extra de todo en cada menú.

Qué te voy a decir que no sepas ya.

Hay quien cubre su malestar con arranques de ejercicio intenso, pero lo más común es lo contrario. Lo peor es que perder tonificación, estar fofa y sentirse torpe no es la mejor manera de subir el ánimo. 

Salud mental, emocional y física son un todo, van de la mano y tiran una de la otra, para lo bueno y para lo malo. 

    • En tu entorno

Tu desconexión de tu trabajo afecta a quienes te rodean.

Los miembros de tu equipo dependen de tu gestión y liderazgo. Tus compañeros y colegas esperan tu apoyo, eficacia y opinión profesional. Se supone que llevas las riendas y tomas decisiones con criterio, algo que no siempre es fácil si tienes la cabeza en otro sitio. El rendimiento del departamento o la empresa podría bajar.

Por otro lado está el entorno personal. Verte mal puede afectar a tu gente y a la larga tener consecuencias derivadas: malentendidos, errores, discusiones tontas en casa, conflictos con amistades o pérdida de vida social por desgana. Y te conviene salir, divertirte y sentir el amor de los tuyos.

Así que hay buenos motivos para buscar soluciones y reencontrar la felicidad.

¿Por qué estás desmotivada?

A veces es fácil verlo. A veces lo tienes clarísimo. Llegas a casa y te descalzas cabreada lanzando los zapatos por el aire. Sabes muy bien lo que no te gusta de tu trabajo

Pero no siempre es así. No tener claro el punto el origen del malestar es más frecuente de lo que piensas. 

La causa de no encontrarle el interés a lo que haces, sea una tarea, un proyecto o toda tu carrera, puede estar detrás de varias gruesas cortinas. 

Hay que descorrerlas

Puede que pienses en cortar por lo sano, despedirte de tu empleo y buscar otra cosa.

Bien, es posible. 

Pero corres el riesgo de llevarte en la mochila la misma carga emocional, cuando lo que te conviene es quitártela de encima.

Así que lo más interesante es sacar a la luz los motivos del descontento. 

Oye, piensa que si sabes definir bien lo que te pasa, puedes resolverlo y no tienes por qué cambiar de puesto. Puede ser que solo te falte algo en concreto y al arreglarlo puedas alcanzar la plenitud donde ya estás ejerciendo. 

Vas a tener que pedirte una cita contigo misma y sentarte a hablarte muy seriamente del tema.

¿Por qué estás desmotivada?

Antes estabas bien, ahora estás regular.

Antes había unas condiciones, ahora quizá haya otras.

¿Qué ha cambiado? ¿Tu entorno, tus condiciones o tú misma? ¿Por qué antes estabas entusiasmada y ahora no?

Hay varios sospechosos habituales en la desilusión y desgana profesional:

Entorno incómodo y problemas de comunicación

No trabajas sola y el clima laboral es fundamental para sentirnos conformes, a gusto y motivadas. Nada peor que ir a trabajar con la sensación de entrar en un campo de batalla

No vernos valoradas, sentir que se ignora nuestra opinión, ver que se ningunea nuestra autoridad, que se dude de nuestra capacidad… Y que todo pase por el filtro de ser una mujer, con los clichés y todo aquello que nos obliga a tener que dar el doble. 

Eso quema a cualquiera.

Estancamiento profesional

La repetición, la rutina y el paso de un día igual que el otro, sin retos ni desafíos estimulantes, nos hacen sentir atrapadas. 

Nuestros cerebros desean estímulos, alegrías y metas para acelerar.

Y luego está lo de preguntarte si vas a dejar que tu carrera profesional que petrifique así, año tras año en lo mismo.

Remuneración y condiciones laborales

Si sentimos que recibimos poco a cambio de todo lo que damos, ya sea en sueldo o en otras retribuciones, las ganas de ir a trabajar bajan en picado.

A veces no es por cuestión económica, sino por la sensación de ser minusvalorada o injustamente tratada.

En definitiva, todo esto es una expresión de una o más carencias, del entorno o en ti misma, que llevan a la desilusión y la falta de ganas. De ahí se pasa rápido a la duda y el vacío: «no sé qué estoy haciendo con mi vida».

¿Cómo motivar? Buscando una solución para volver a brillar

Para redescubrir «tu sitio» y abrazarlo con ganas hace falta un cambio. Tu vida tiene sentido, puedes recuperarla, alcanzar la plenitud y ser feliz. ¡Faltaría más!

Podría ser que…

Se solucione con acciones sencillas

Unas buenas vacaciones, una nueva afición que te entretenga, reciclarse, revalorar la importancia de la calidad del trabajo… 

O que haga falta algo más

Es cuando el descubrimiento y el cambio son más profundos y para conseguirlos debes aprender más de ti misma, tu realidad y tus necesidades. No es algo superficial, es interno. Tu núcleo.

Y aquí sí que te vas a motivar. Porque cuando llegas a este punto y ves el objetivo de ser más feliz, lo verás estimulante, energético. Empezarás una fase nueva con ganas: la de reencontrarte

Toma papel y lápiz y prepárate para tu propia entrevista. Vas a tener que explicar algunas cosas. Y verás que el proceso merece la pena

Ponerse desafíos, retos y metas estimula las ganas. ¿Pero qué desafíos? ¿Qué retos necesitas activar? ¿Cuál es tu meta?

Encontrar tu verdadera vocación, tu pasión, empuja a cualquiera. Pero ¿cuál es? ¿Dónde está? ¿Cómo descubrirlo?

¿Qué otras preguntas se te ocurren? ¿Cómo las responderías? Lo veremos.